Entrevista a Ernesto Ferreyra

La nueva cara de Cadenza tiene nombre y apellido. Concretamente la del argentino nacido en Córdoba Ernesto Ferreyra, quien acaba de estrenarse –si no contamos su EP Siluetas editado en 2009- en dicho sello donde gente como Luciano, Ricardo Villalobos, Mirko Loko o Argenis Brito hacen piña. El Paraíso de las Tortugas, primer álbum en solitario de su carrera, es el resultado de docenas de vivencias resultantes de unos últimos años con más idas y venidas que la M-30. Con el ritmo en la sangre y sin fronteras para expresarse y seducir musicalmente. Algo a lo que nos tiene sanamente acostumbrados gracias a su desdoble junto a Guillaume Coutu Dumont: Chic Miniature. Un tipo entrañable capaz de hacernos gozar en festivales como Mutek, Day One o alguna de las plazas más conocidas de Ibiza. Al mismo tiempo, amante de compartir su sonido de un modo más cercano. Electrónica y corazón, orgánica y mucho, mucho mundo por sus venas.

Ernesto, viajas más que Gulliver… ¿Cómo se plasma este “nomadeo” en tu música?
Es cierto que me gusta aprovechar todo este tránsito para empaparme de música autóctona de cada lugar –especialmente aquella folklórica y contemporánea, no la electrónica- tomándola como fuente de inspiración. Descubro nuevos ritmos, maneras de composición, etc. Nunca usando directamente esa música a modo “agarro sample y… magia potagia”, un tema con carácter mexicano. Del mismo modo tanto desplazamiento tiene sus connotaciones negativas, y es que esto provoca irremediablemente estar fuera del estudio. Se pierde la dinámica de trabajo, y no soy como muchos productores –a los que admiro- de ser como máquinas capaces de hacer dos “tracks” diarios… Menos mal que cuando arranco, no hay quien me pare.

Decides un buen día partir de Argentina, pasas por México D.F., luego Montreal y actualmente recaes en Berlín, ¿Qué cuesta más trabajo dejar atrás?
Sobre todo lo que peor se lleva es abandonar esa calidad humana de una familia de amigos de la que te separas, al menos físicamente. Noto esto muy especialmente si comparo mi estatus de Montreal con el que vivo en Berlín. Y eso que fuimos un buen puñado, unos doce, los que cruzamos el charco hasta acá. Muchos ya se volvieron… Y es que por mucho que ame Berlín y sea una ciudad que me ha dado mucho (especialmente en el aspecto profesional) yo vengo del sur, soy latino, y choco un poco con el talante de la gente. Es una ciudad donde la amistad tarda mucho más en desarrollarse y es más engorroso integrarse. Vale que como artista es más fácil estar aquí que en ningún otro lugar de Europa, pero es como convivir en una burbuja. Del estudio a casa, de casa al aeropuerto y vuelta a empezar. Evidentemente con tanta helada soy capaz de estar doce o quince horas en el estudio. Este mismo invierno me he comprado un sofá-cama y lo he instalado allí mismo. Mejor eso que estar todo el santo día cogiendo taxis o produciendo en pijama.

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